PRIMER CONCURSO DE CUENTOS NAVIDEÑOS ELE

           Este año les he pedido a mis alumnos una “trabajo de Navidad creativo”. Como siempre, todos han colaborado al máximo y han puesto todo de su parte para que el “PRIMER CONCURSO DE CUENTOS CORTOS NAVIDEÑOS ELE” haya sido brillante. Han participado los once alumnos que asisten al curso. Os presento las narraciones que se han presentado y, al final, el resultado. Como veréis, hay variedad de estilos, temas y gustos.
*Nota. El jurado han sido “los mismos alumnos”; recibieron por email los once cuentos participantes (sin el nombre del autor) y los puntuaron.
            Mi enhorabuena a todos por su valentía al escribir en una lengua que no es la suya. Y, además, hacerlo bien. ¡Sois geniales! ¡Bravo!

PRIMER CONCURSO DE CUENTOS NAVIDEÑOS ELE. UNED DENIA 2015 
  • ¡QUÉ VIDA MÁS DURA! FIONA STROKER
Era de noche y la mujer estaba muy cansada, conduciendo a casa. Decidió por fin aparcar el coche para descansar un rato, pero la calle estaba muy oscura. No había nadie, y hacía mucho frío, porque casi era Navidad. Miró alrededor, buscando un sitio libre, pero NO, tendría que aparcar en doble fila. “¡Qué vida más dura!”, pensó, mientras maniobraba el volante.
“Solo unos minutos con los ojos cerrados, y me recuperaré,” se prometió. Se tumbó, y enseguida se durmió. Mientras tanto, seguía nevando, y la nieve iba acumulándose, hasta que ya no se vio el coche.
La mujer estaba soñando con Papá Noel y todos los regalos que iba a dar a sus niños. Había una sonrisa en su cara, porque a ella le gustaba la Navidad. Media hora despues se despertó. “Bueno, a casa”, se dijo. Pero cuando quiso arrancar, el coche no reaccionó. “¿Qué pasa?”, se preguntó. Intentó abrir la puerta, pero no podía. Estaba encerrada en un coche cubierto totalmente por la nieve. Había desaparecido enteramente…
De repente, se oyó un estruendo tremendo. Era lo último que oyó la mujer en la vida.
Un camión de correos había chocado contra su coche aparcado, y … ¡Feliz Navidad!
  • “UN ENCUENTRO HORROROSO”. MARÍA CAROL SEARS 
Es Nochebuena. Paso las fiestas en un hotel de súper lujo en Nueva York. La habitación está en el ático, con unas vistas impresionantes a toda la isla de Manhattan. Tiene cortinas y mantas en damasco de seda y alfombras persas. En el baño, los sanitarios son de oro puro.
Tengo ganas de disfrutar en el gran salón con los otros huéspedes privilegiados, los ricos y  los famosos del mundo. Y más aun, tengo ganas de saborear la cena suntuosa en el gran salón de banquetes.
Salgo del dormitorio y bajo en ascensor hasta las grandes salas de la planta principal.  Me sumerjo en la ansiosa muchedumbre. Poco a  poco, damos formando cola, para recibir la bienvenida del anfitrión, el incomparable Don Donald de Nueva York.
Pero… ¿qué pasa? Encuentro en la entrada del gran comedor una cucaracha inmensa, de 1.8 m. de altura, erecta sobre sus dos patas traseras, llevando una peluca leonina.
Con sus cuatros brazos,  saluda a los huéspedes horrorizados. 
¡Es el Don Donald en su verdadera forma!
  • “ÁNGEL DE LA GUARDA”. ANNELIESE BENISH
Era domingo el 6 de diciembre " Día de Santa Claus". Este ano quería sorprender a mis nietos con una visita sorpresa. El camino en coche a su casa dura 2 horas. El boletín meteorológico estaba bastante bien; solo pronosticaba una nevisca.
Contenta, preparé un pequeño equipaje y salí a las cuatro hacia su casa.. Las luces  navideñas estaban encendidas ya y unos copos de nieve remolinaban alrededor. Era un ambiente navideño perfecto. Yo tarareaba en voz alta villancicos.
A medio camino empezó una verdadera ventisca de nieve. La visualidad empeoró y yo tuve que esforzarme en conducir. De repente me pareció ver algo en la carretera y frené. Por el estado de la calzada perdí el control del coche y acabé en la cuneta.
¿Y ahora qué?, pensé. No había casi tráfico y la perspectiva de recibir ayuda era mínima. Conecté los intermitentes de precaución del coche. Pero la suerte estaba de mi parte, porque enseguida paró un coche a mi altura. Lo fantástico fue que la persona que salió del automóvil… ¡estaba vestido de Santa Claus!.
Sonriendo, me preguntó si me podía ayudar. Como mi coche necesitaba una grúa, le expliqué donde quería ir. El se ofreció amablemente a llevarme a mi destino. Al llegar a la casa de mi familia, él se encargó de llamar a la puerta. Y cuando mis nietos abrieron, se alegraron al ver a Santa Claus. Él les dijo que traía una sorpresa muy grande. Yo estaba escondida detrás de él. Entonces él se fue apartando hasta que mis nietos me vieron y se quedaron con la boca abierta. Por supuesto, invitamos a Santa Claus a entrar para tomar algo caliente, mientras yo explicaba lo sucedido.
Otra vez había encontrado a mi ángel de la guarda.   
  • “LA TORTILLA”. SUSANNE MÜLLER                                   
Paula llegó tarde a casa. Había estado en la oficina despachando trabajos que pedían toda su concentración. Algo que las charlas de sus compañeras jovenes imposibilitaba durante el día.
Paula no siempre era la única que trabajaba horas extras. A veces oía también al director de la empresa en su oficina.
Sacó el resto de la tortilla del día anterior de la nevera,  la colocó en una  sartén y  puso la encimera en marcha. Pensó que dentro de un par de días sería Navidad. La Nochebuena y los dos días festivos siguientes los pasaría  con sus padres. Sintió afecto al pensar con que esmero solían cocinar la comida navideña.
Reprimió la sensación desagradable que le había sobrevenido al pensar en el leve aburrimiento que solía sentir en aquellas tardes festivas tan largas en casa de sus padres.
El  sonido del teléfono la sacó de sus pensamientos.
Al reconocer la voz que escuchaba tuvo que sentarse. Balbuceó: “no, no....sí, sí, le reconozco, señor director“.
Con manos temblorosas y mejillas enrojecidas colgó el auricular del teléfono y corrió a su dormitorio para buscar una vestimenta lo más adecuada posible para tal suceso, una prenda más femenina que las que habitualmente solía llevar.
 El olor a comida quemada interrumpió su búsqueda. ¡La tortilla!
Se apresuró a quitar la sartén de la placa.
Con una sonrisa feliz contempló durante un largo rato el fondo quemado de la tortilla.

                                                                             También puedes leer LA NAVIDAD
  • “Y PORQUÉ LOS NIÑOS EN ESPAÑA RECIBEN LOS REGALOS DE NAVIDAD EL DÍA DE LOS REYES MAGOS”. HEIDE-ROSE  METZGE.

Érase una vez cuando las buenas gentes empezaron a pedir regalos para ellos mismos al niño Jesús el día de cumpleaños del niño Jesús. 

Intentando satisfacer a todos, el pequeño niño percibió que era una tarea demasiado grande para él.
Cuando San Nicolás, un hombre bueno y servicial, oyó los problemas del peque, acudió corriendo para ayudarle. Y en muy poco tiempo, moviendo sus contactos con los renos del norte, tuvieron un sistema de distribución que funcionaba muy bien.

Pero ahora vinieron los hombres con sus deseos especiales:

Los ingleses por ejemplo, querían los regalos el día 25 por la mañana, puestos en sus calcetines. Y muchas veces, para entrar en la casa, el pobre San Nicolás tenía que pasar a través de una chimenea. (¡y eso a su edad!)

En Francia, tenía que trabajar el 24 y el 25 de diciembre. El 24 después de la misa, los franceses querían pequeños regalos, puestos en sus zapatos y el día siguiente San Nicolás tenía que traer los regalos grandes.

¡Y los alemanes! Ellos querían que los regalos se encontrasen en la habitación con el árbol de navidad , – ¡puntual! –  después del toque de una campana pequeña.

Los hombres le complicaron mucho la vida a San Nicolás.

Y a pesar de que en Italia tuvieran el apoyo de la bruja Befana, distribuyendo los regalos allí, San Nicolás y sus renos estaban tan agotados que cuando llegaron a los Pirineos ya no podían continuar. 

Este asunto llegó a oídos de los Reyes Magos de Oriente (también gente muy buena y servicial). Si bien, no pudieron encargarse del pedido inmediatamente (pues estaban muy ocupados, como todos en los días de Navidad,), se ofrecieron a coger los regalos y a entregarlos el día 6 de Enero, el día de los Reyes Magos, cuando irían a las casas de todo los niños. 

Y así los niños en España hasta hoy reciben los regalos el día 6 de enero.
  • “UN VIAJE CON SORPRESA”. ULRICH BACH
Unos días antes de Navidad, Antonio hizo un viaje a Granada con su hijo Enrique porque este había recibido una beca de la universidad. Enrique estaba interesado en la astronomía y llevaba una mochila negra con prismáticos, cámara, trípode, etc. Todo este material lo había comprado con el dinero que había ganado trabajando de camarero durante todo el verano. Pensaba hacer espectaculares fotografías para enseñar a su familia durante los días de navidad. También puso sus documentos en la mochila. Antonio llevaba una maleta marrón con toda la ropa.
En la estación de trenes había una cola larga en el control de seguridad. Después de esperar más de diez minutos, Enrique fue a los servicios y Antonio se quedó vigilando el equipaje. Entonces, notó un suave un golpe en su espalda y una persona joven preguntó: “¿Sabe donde se encuentran los servicios?”. El padre se giró y dijo: “Mira, después de este quiosco a la derecha”. La persona dijo: “¿El quiosco? ¿Qué quiosco?”. El padre dio un paso y señaló con su brazo izquierda la dirección. La persona le dio las gracias y se despidió. Cuando el padre se giró vio solamente su maleta; ¡le habían robado la mochila!
Ambos fueron rápidamente a la policía a denunciar el robo. Unos días más tarde, el día de Nochebuena la policía le entregó la mochila y los documentos a Enrique, pero sin el conjunto fotográfico.
Enrique jamás olvidó ese viaje.

Otro final.
Ambos fueron rápidamente a la policía a denunciar el robo. Unos días más tarde la policía le entregó la mochila y los documentos a Enrique y, sorprendentemente, también todo el material fotográfico. Enrique pensó que al fin y al cabo… era Navidad y… los milagros existen.
  • “POR FIN HAN LLEGADO LAS NAVIDADES”. YVONNE WIDIN.
Manuela se despertó y se estiró bostezando llena de alegría. Mañana será el día de los días. Subirá al avión que la acercará a su destino. En Londres le esperará su príncipe azul Juan Pedro, un hombre dotado con todo lo que una mujer pueda desear. Querían pasar las Navidades juntos.
Él tenía una casa, un trabajo bien pagado y como no, era un adonis. Como Rosa no era precisamente “un primor”, aun no podía creer en su suerte. ¿Cómo podía ser que este bombón la hubiera elegido a ella?
“Bien, adelante chica; ahora te toca correr al banco para retirar el dinero que él te ha pedido”. Porque él había sufrido una indisposición financiera y necesitaba un poco de dinero solamente para unos días. “A lo dicho hecho”. Estaba preparada para una felicidad sin fin.
Se acostó pronto. Pero… ¿cómo puede ser que el despertador no sonara esa mañana?
En la radio se oían las noticias: “Han detenido en Londres a un estafador de mujeres que estaban buscando por toda Europa. Juan Pedro enamoraba a las mujeres y luego las timaba pidiéndoles todos sus ahorros.”
¡Qué susto! No podía creerlo. Al final Manuela se dijo: “¡Gracias Niño Jesús por haberme salvado!”.
  • “HERMANOS”. SOLANGE GALLEGO
Era el día de Navidad y la madre le dijo a su hijo pequeño que excepcionalmente no iría ella a recogerlo al colegio, sino que iría su hermano mayor que iba al instituto.
Al niño no le gustó mucho este cambio; desconfiaba de su hermano mayor.
A este, cuando estaba con sus amigos, le molestaba tener que ocuparse de su hermano pequeño. Hacía mucho frío, y cayeron unos copos de nieve. El niño se alegró, le gustaba mucho la nieve. Pero ya era de noche y su hermano no había pasado a recogerlo.
Se preguntaba si irse solo a casa. No quedaba ningún niño alrededor del colegio. Finalmente se puso a andar hacia su casa.
Entretanto su hermano mayor fue corriendo al colegio. Allá no había ya nadie. Se asustó mucho. Lo encontró en el camino y empezaron a pelearse. Llegaron a casa muy enfadados. La madre les hizo callar y los llevó a la sala de estar, donde había un árbol de Navidad muy grande y hermoso, que la madre había decorado durante toda la tarde, y los hermanos olvidaron de pronto su enojo y se pusieron muy contentos.  
  • “ASESINATO EN EL TREN”. NICK FITZGERALD
-“Papá Noel ya no vive”, dijeron ellas. 
Mentira, por supuesto.  Amigas de mi hermana mayor; tontitas las dos.  ¿Qué podían saber ellas?
Aun así, me preocupé ya que llegaban las navidades.  Dormir…no podía.
Por la mañana, me fui con papá a Dublín en el tren de la gran locomotora negra, silbando, echando vapor constantemente.  ¡Muy ilusionado! 
En la gran ciudad íbamos a ver tranvías, iluminaciones, tiendas de juguetes; todo, y, claro, a Papá Noel.  ¡Un viaje genial! 
Curioseando en el siguiente compartimento vi a un anciano, solito, dormido.  Era gordísimo y llevaba una capa y un sombrero enorme, muy pasado de moda.  Aunque no nevaba ni hacía mucho frío, el viejito llevaba botas de nieve.  Y una barba blanca.  Dormitaba.
Me acerqué, observándole cuidadosamente y con mucha atención.  La capa le destapó un poco y reveló su vestidura; iba todo de rojo, hasta los pantalones.  Era Papá Noel, ¡indudablemente! 
En ese momento… ¡BUM!, irrumpieron dos hombrones, dando gritos. Dispararon al anciano y huyeron rápidamente.
Me  quedé aterrorizado.  Me sobresalté pero enmudecí.
No vino nadie.  
El anciano siguió en silencio, me pareció que había muerto.
Él no estaba triste, pero yo sí. 
Y no venía nadie.
Empecé a llorar.
De pronto, mi madre me estaba sacudiendo… 
  • “CUENTITO DE NAVIDAD”.  SYLVIA CAVANAGH
Emilia no esperaba mucho de la Navidad. Las fiestas de San Valentín, el aniversario de boda y su cumpleaños habían pasado sin regalos, ni siquiera una rosa roja. Sus pensiones apenas daban para las facturas y la comida. Habían perdido todos sus ahorros con las fraudulentas inversiones de los malditos banqueros. Su único hijo había sido un empleado del mismo banco en un pueblo lejano, y le habían echado a la calle. Para hacer una comida especial para Navidad tendría que tragarse su orgullo e ir al banco de alimentos. Esperaba conseguir algo más de lo básico, pero tenía todavía el anillo de oro de su madre, podría venderlo y comprar algunos de los mariscos que su marido apreciaba.
Con mucho esfuerzo e imaginación Emilia por fin preparó una cena de Nochebuena. La pareja echó de menos la presencia de su único hijo en esa noche tan especial, pero estaban al punto de recibir una sorpresa. Escucharon el sonido de una llave en la puerta, y entró su hijo con bolsas llenas de regalos y alimentos. Había conseguido un trabajo en una tienda durante Navidad, estaría con ellos solamente 24 horas pero estas horas transformarían la Navidad, pensó Emilia.
  •  “NAVIDAD 2030”. JÜRGEN HAGENOW
Me acuerdo muy bien de esta navidad porque fue diferente a las de antes y las de después. Era mi primer año en la residencia de ancianos. Las preparaciones para Nochebuena que hacían nuestros cuidadores con nosotros resultaban muy divertidas. Horneamos  pequeños pasteles y cada persona tenía que aprender un poema para recitarlo en Nochebuena. Algunos de los residentes habían formado un coro. Es cierto que nadie tenía voz para cantar, pero ni ellos ni sus oyentes tenían buen oído y ellos se sentían como estrellas de la opera.                                                                   
Por fin el día de Nochebuena llegó. Después de dormir la siesta todos se prepararon para la gran cena, cada uno a su manera. Yo preparé mi ropa y entré en la ducha; mejor dicho, intenté entrar, porque de repente resbalé y me caí delante de la ducha. Noté muy rápido que había pasado algo con mi brazo, me dolía y tardé mucho tiempo en levantarme para tocar al timbre que se encontraba en la ducha. El personal llegó muy rápido, me ducharon, me vistieron y fuimos al hospital.  Ahí constataron una fractura del brazo derecho, me trataron y una hora después del accidente volví  a la residencia. Justo para mi turno de recitar el poema, pero había olvidado el texto por toda la agitación.
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CUENTO GANADOR
  • “Y PORQUÉ LOS NIÑOS EN ESPAÑA RECIBEN LOS REGALOS DE NAVIDAD EL DÍA DE LOS REYES MAGOS”. HEIDE-ROSE  METZGE.
SEGUIDO POR
  • “ÁNGEL DE LA GUARDA”. ANNELIESE BENISH
  • “CUENTITO DE NAVIDAD”.  SYLVIA CAVANAGH
  • “POR FIN HAN LLEGADO LAS NAVIDADES”. YVONNE WIDIN.
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